He visto desde la costa que por mi vida de suave oleaje flotan nombres, imágenes y sueños que visitan y se despiden de mi pensamiento tantas veces como se los permita la marea.
A veces llegan como mensajes de auxilio de algún náufrago perdido y otras como hojas flotantes de un árbol enfermo que se deshoja día a día y se cura y se vuelve a enfermar hasta tres veces por año.
Pero durante los últimos meses tu nombre ha estado rozando la arena, nadando en este vaivén, sobre todo en las noches sin nubes que anuncian días de sol.
Llega y se va en forma de pedazitos de papel con garabatos y sonrío si imagino que durante cada atardecer un niño feliz rasga su tarea para verla volar desde el acantilado.