A veces vuelo y rozo las nubes con mis pies descalzos. Juego
a que mis dedos son un rastrillo que hace figuras en su espuma.
Me quedo suspendida mientras dura el atardecer o rodeo la luna con besos a ver
si algún día encuentro la boca rebosante de historias.
No importa que mis alas sean invisibles... total, por más que soñara tenerla,
tampoco necesito cola de sirena para nadar.
A veces vuelo y bailo en alturas tibias. Mientras me uno a las gaviotas escucho
un lejano eco de lo pendiente… allá abajo. Pero aquí no existen las horas a
punto de terminar. Cerca de las nubes me torno arrebol y no soy nadie... soy
todo.